Charlamos con Txema García sobre su nueva novela ‘La maleta de Urdaibai’, donde nos presenta un futuro distópico con el Museo Guggenheim construido en pleno corazón de Urdaibai

Txema García: “El proyecto Guggenheim Urdaibai es la historia de un engaño”

Periodista jubilado, aunque no lo parece, escritor, Txema García (Barakaldo, 1952) acaba de publicar “La maleta de Urdaibai” (“Urdaibaiko maleta”, en euskera), editado por la asociación cultural IPES (Instituto de Promoción de Estudios Sociales). Se trata de una novela de carácter distópico cuya acción discurre en el año 2036 y se adentra en el pretendido proyecto de construir un nuevo museo Guggenheim, con dos sedes en Gernika y Murueta, en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai. En medio de la vorágine de presentaciones de ambas versiones charlamos con su autor.

Ekologistak Martxan: ¿Por qué esta novela ahora?

Pues ha llegado como consecuencia lógica de un salto en el intento de poner luz sobre este asunto. Desde hace ya más de dos años venía escribiendo mucho al respecto de esta temática, pero todo ello lo elaboraba desde otro formato periodístico como son los artículos de opinión. Así que a principios de la primavera de este año me planteé la posibilidad de hacerlo desde otra perspectiva más literaria, no porque sea mejor ni peor que una aproximación periodística, sino porque me daba la posibilidad de entrelazar ficción y realidad y, sobre todo, de plasmar una historia con otros elementos emocionales que no son tan propios ni comunes a un artículo de opinión.

EM: Señalas que se trata de una novela de carácter distópico cuya narración ocurre en el año 2036. ¿Qué querías conseguir con este salto en el tiempo?

Que los lectores se anticipen a lo que puede ocurrir. Que se pongan en disposición de imaginar que si dejamos a las instituciones imponer proyectos sin sentido, al final, las consecuencias las vamos a pagar nosotros. Y eso es algo que no debiéramos aceptar. En definitiva, es un viaje al futuro para prevenir el presente, porque muchas veces lo que ocurre a la ciudadanía es que para cuando reacciona ante determinadas agresiones, ya es demasiado tarde.

EM: ¿Y aquí crees que la ciudadanía vasca está reaccionando tarde?

Creo que no, pero nunca es suficiente todo lo que se pueda hacer frente a un poder que se comporta de manera omnímoda y que desde un principio sentenció que este proyecto se iba a hacer “Sí o Sí”. Y hay que decir que la población de Busturialdea ha reaccionado extraordinariamente bien frente a esta “ocurrencia” de las autoridades, tanto las que rigen los destinos de la Diputación Foral de Bizkaia como del Gobierno Vasco, ambas lideradas por el PNV, con la ayuda inestimable del PSE que se ha plegado totalmente a sus exigencias.

EM: Defines como una “ocurrencia” el establecimiento de este Museo en Urdaibai…

Sí, así es. Si no, cómo podemos calificar un proyecto que lleva nada menos que diecisiete años malgastando no sólo ríos de tinta sino ocasionando cuantiosos gastos económicos al erario público y una pérdida de tiempo considerable por parte de unas autoridades que debieran estar preocupadas y atendiendo a otras necesidades más básica de la población de este país, como son la precariedad en la que viven muchas familias o los problemas de vivienda que arrastra la juventud, entre otros muchos, Y es una “ocurrencia” porque, hasta la fecha, y a pesar del tiempo transcurrido desde que en el año 2008 lo intentaron imponer en las colonias de Sukarrieta, no han sido capaces de presentar un Plan de manera oficial que incluya Propuesta concreta, con su correspondiente razonamiento, así como los preceptivos estudios de viabilidad. Incluso, la propia Fundación Solomon R. Guggenheim de Nueva York, la gran beneficiada de todo esto, aún no se ha manifestado al respecto.

EM: ¿Quiere entonces esto decir que se trata de algo que no obedece a una necesidad concreta de la sociedad?

Exacto, porque la gestación de esta “ocurrencia” no nace de una petición ciudadana o producto de un proceso de gobernanza participativa, sino desde declaraciones de cargos institucionales que asumen una actitud elitista de ordeno y mando, realizadas siempre a través de comentarios interesados de grupos de poder y de filtraciones también interesadas a algunos medios de comunicación que reciben cuantiosas subvenciones públicas, y todo ello sin seguir ningún cauce institucional. Comenzaron diciendo que se hará “Sí o Sí”, de forma claramente impositiva, aunque ahora parece que han modulado algo el tono a la vista de oposición con que se han encontrado. En definitiva, este proyecto tampoco responde a ninguna demanda real del mundo artístico o de la cultura en Euskadi y que tampoco se ha consultado al respecto a los sectores culturales del país absolutamente nada hasta la fecha. Es decir, se trata de una supuesta “necesidad” impuesta.

EM: ¿Y que supone que la Fundación Solomon R. Guggenheim de New York no se haya manifestado aún al respecto?

Es su forma habitual de proceder. Siempre deja que el “desbroce administrativo” y el desgaste de imagen que supone la imposición de este proyecto vaya a cargo de las instituciones locales, mientras ellos se apuntan exclusivamente a los potenciales beneficios de la operación. Más allá de esta forma de funcionar, hay que decir que, en el fondo, este proyecto-ocurrencia no es cultural sino eminentemente turístico y que, además, se quiere instalar en una comarca que ya tiene sobrepasada su capacidad de carga turística. Este país tiene necesidades mucho más urgentes de otros equipamientos culturales que, además, no dependan de marcas extranjeras, como pueden ser, y solo en el ámbito de los museos, de un Museo Nacional de la Historia y de la Sociedad Vasca o de un Museo de la Industria y de la Innovación. Pero tan grave como esto es consignar que la Fundación Solomon R. Guggenheim no tiene ninguna experiencia ni conocimiento en Arte-Naturaleza, que es lo que nos quieren “vender” a precio de oro. Su modelo de intervención siempre es en una ciudad grande y turistizable. Se trata de un modelo franquiciado, que crea dependencias orgánicas como hacen todas estas empresas multinacionales y elitistas que someten a los franquiciados a condiciones que, fundamentalmente, benefician a la metrópoli. Compramos una marca a alto precio y nos sometemos a ella de por vida.

EM: ¿Pero este proyecto se está vendiendo por parte del PNV mediante una vinculación del Arte con la Naturaleza, no es así?

Hay que decir que el concepto Arte-Naturaleza (algo, en principio, para minorías) debiera estar reñido con el turismo de masas y con un edificio tipo Guggenheim Bilbao, que es urbano, y no aplicable, ni de lejos, a un paisaje natural como el de Urdaibai, que no necesita aditamentos de ningún tipo, sino mejorarlo y salvaguardarlo para las futuras generaciones. En este proyecto, la Cultura tiene una mera función instrumental, de acompañamiento, no tiene una función en sí misma, sino que depende y está al servicio de una “marca” franquiciada, de un “desbroce administrativo” inmenso, y de una supeditación a proyectos constructivos. Y en una cultura minoritaria como la nuestra, depender de intereses de esta naturaleza es condenarla a seguir en el ostracismo. Es decir, a nadie se le escapa que la cuestión de fondo no es el Arte sino servirse de nuestra Naturaleza, en este caso de una Reserva de la Biosfera, para impulsar un proyecto turístico de carácter invasivo y la “agenda oculta” que quieren llevar a cabo.

EM: ¿Qué significa eso de “agenda oculta”?

Pues se trata de un plan que el Gobierno Vasco y las tres diputaciones no quieren airear en absoluto, pero con el que pretenden atraer cantidades ingentes de turistas y convertir nuestra costa y nuestro paisaje en objeto de especulación inmobiliaria. Así, mientras van aumentando sin límites las plazas hoteleras, nuestros hijos e hijas tienen que hacer frente a precios desorbitados de alquileres en caso de que quieran independizarse, o a quedarse en el hogar familiar por la imposibilidad de encontrar viviendas a precios razonables. Y a estas alturas ya sabemos de las consecuencias nefastas que para la economía de las clases bajas y medias conlleva una turistificación masiva: precarización de empleos, aumento del coste de la vida, gentrificación, desplazamiento de los residentes locales debido a la especulación inmobiliaria, deterioro ambiental, saturación de infraestructuras, problemas de residuos, pérdida de identidad cultural local. Y todo esto ya está pasando en numerosos lugares del mundo y en nuestro propio país.

EM: Pero muchos países y ciudades del mundo aspiran a contar con un Museo Guggenheim…

Sí, pero esa pretensión generalmente venía determinada por las élites económicas y políticas de esos países y ciudades. Lo cierto es que si bien a lo largo y ancho del planeta se han constatado más de una treintena de ciudades candidatas (desde Berlín, Bruselas, Bucarest, Helsinki, Hong Kong, Munich, Río de Janeiro, Salzburgo, San Petersburgo, Singapur, Tokio…) todas ellas o bien rechazaron finalmente construir un Museo Guggenheim, o cerraron sus instalaciones tras sufrir distintos avatares. Y todas tuvieron que afrontar cuantiosos gastos para poner en marcha sus proyectos que acabaron en la nada absoluta. Es decir, de lo que nohablan los patrocinadores de este proyecto es de alto riesgo de fracaso que existe con esta marca.

EM: ¿O sea, nosotros pretendemos lo mismo que otros antes no consiguieron?

Eso es, pero ahora viene algo estrambótico, por no decir ridículo: Bilbao ya cuenta con un Museo Guggenheim, y en el mundo, actualmente, existen otros tres Museos de esta marca: Nueva York, Venecia y Abu Dabi. Por tanto, de realizarse el Guggenheim en Urdaibai, nuestro país contaría con tres sedes-edificios del Museo Guggenheim (Bilbao, Gernika y Murueta), tantas como en el resto del mundo. ¿Tiene alguna lógica esto? ¿No significa, en última instancia, más colonización cultural?Urdaibai no necesita un Museo de esta Naturaleza. Lo que necesitaba desde hace mucho tiempo, y no se ha hecho, es un Plan Integral de Inversiones Económicas a largo plazo y no el que ahora se está pergeñando de mala manera.

EM: ¿Y qué otras implicaciones tendría la realización de este proyecto?

Muchas, pero una muy importante es que la marca Guggenheim acaba con lo propio, se superpone y lo difumina, cuando no lo opaca totalmente. Más aún en un territorio poco urbanizado. Si se construye este proyecto, se corre el riesgo de que absorba la “marca Gernika” de paz y memoria histórica, y de que se diluya el significado de elementos tan simbólicos como, entre otros muchos, Santimamiñe, además de nuestro patrimonio cultural, el euskera, en definitiva, la identidad vasca. Se trataría, en definitiva, de una forma de sponsorizarnos pero, además, corriendo nosotros con todos los gastos. También hay que señalar que en lugar de innovar e impulsar estrategias, infraestructuras, programas y acciones para defender una cultura minorizada como la nuestra, este proyecto significa más dependencia externa a perpetuidad porque la vinculación con esa franquicia nos obliga a pagar un canon permanente restringiendo posibilidad de acción propias, algo que no es baladí y que supone, como en el caso del Museo en Bilbao, de 6 a 8 millones de euros cada año.

EM: ¿Si lo trasladamos a términos económicos qué supondría este proyecto?

El dinero que se ha barajado como coste aproximado para este proyecto es, en un principio, de unos 140 millones de euros, una cantidad inasumible que queda fuera de toda lógica racional porque va a restringir los ya ahora menguados presupuestos de Cultura de este país, la ya existente y la que debiera impulsarse en los próximos años. Es una hipoteca para siempre. Resulta también contradictorio que siendo un proyecto de fuerte presupuesto económico, incluso considerado “estratégico” y “de nación”, ni siquiera haya sido consignado como “proyecto tractor” en el reciente Plan de Reactivación de Busturialdea cuando, además, no solo es el de mayor gasto de entre todos sino que él, por sí solo, supera a todos los demás en su conjunto.

EM: ¿Y que supone que se quiera construir en una Reserva de la Biosfera?

Bueno, esto ya es no solo una “ocurrencia” sino un auténtico “ecocidio” que se define en la medida en que de las 759 Reservas de la Biosfera que hay en el planeta, ninguna cuenta con un Museo y, mucho menos de estas características de “marca franquiciada” por parte de una multinacional del arte. Sentaría un precedente muy perjudicial. Seríamos el hazmerreír del mundo mundial. Más allá de eso, la afectación a la cada vez menos biodiversidad existente en la Reserva de la Biosfera sufriría un impacto terrible. Y para algunas de las especies ya altamente amenazadas como el visón europeo, el águila pescadora, el avetoro, el carricerín cejudo, la espátula común, la garza imperial, algunas especies de libélulas, la planta denominada salicornia y algas como la zostera, sería su sentencia de muerte.

EM: ¿Qué más impactos tendría en el medio ambiente de Urdaibai?

Muchísimos, de muy distinta naturaleza y consecuencias, comenzando por la pretensión de construir una supuesta “vía verde” en la zona más vulnerable de la marisma, que uniría Dalia en Gernika con el Museo a construir en Murueta; por otro lado, el palafito, una pasarela de madera construida con una altura de 3 metros, una anchura de 2,20 y de un kilómetro de longitud, para peatones, bicicletas y transporte eléctrico, en definitiva, una aberración en el corazón del estuario y; por último, la disminución de la protección del dominio marítimo-terrestre que, en esa zona se ha rebajado de 100 a 20 metros con la exclusiva finalidad de poder encajar el edificio del futuro museo. Pero no acaba aquí la cosa…

EM: ¿Todavía habría más afectaciones?

Por supuesto, y podríamos seguir con una lista interminable de razones y argumentos para oponernos a este proyecto, como son la barbaridad de que una población como Murueta, que apenas supera los 300 habitantes, vaya a ser invadida por al menos 140.000 turistas durante cuatro meses al año, lo cual, en cifras relativas sería como que toda la población de México (130 millones de habitantes) visitará Bilbao cada año; los riesgos de inundabilidad en los emplazamientos proyectados; las costosísimas labores de “desbroce” administrativos con cargo a las arcas públicas que, con nocturnidad y alevosía se están realizando; la modificación de numerosas normas urbanísticas; la ilegalidad en la que se encuentra Astilleros de Murueta, empresa a la que se le acabó en 2018 la concesión del régimen de Franco para instalar el mencionado Astillero; el hecho de que sea el erario público al que quieren cargar los gastos derivados del derribo y de la limpieza de la contaminación de la zona y del solar que ocupa esta empresa; riéndose del principio de que “quien contamina, paga”; el “pelotazo urbanístico” que se quiere perpetrar en este eskualde y un sinfin más.

EM: Ahora, vayamos a la literatura. ¿Qué hay detrás de esta novela “La Maleta de Urdaibai? ¿De qué nos habla?

Pues lógicamente de todo esto pero también, por ejemplo, de otros hilos temáticos como son las relaciones entre arte y poder, de la memoria y la desmemoria, del colonialismo cultural externo e interno; de la precariedad de los jóvenes; de las contradicciones personales que nos surgen en este sistema capitalista; de lo íntimo como político; de la estética versus la ética; del lenguaje como trinchera; de la identidad vasca contemporánea; del capitalismo cultural y la domesticación del arte, etc. Más allá de eso, la novela entrelaza ficción y crónica, memoria familiar y conflicto estructural, para narrar el choque entre una comunidad que resiste y un sistema que fagocita paisajes, culturas y biografías. Así, Urdaibai no se convierte solo en un entorno amenazado: es un espejo de lo que el mundo contemporáneo está dispuesto a perder.

EM: ¿La acción discurre en la actualidad?

No, estamos en el año 2036. La Reserva de la Biosfera de Urdaibai se ha convertido en escenario de una sofisticada operación de transformación territorial, cultural y simbólica: la implantación de un nuevo Museo (Guggensteim) con dos sedes, una en Gernika y la otra en Murueta. El proyecto, impulsado por el poder político-económico bajo un discurso de modernización cultural y desarrollo sostenible, desencadena una ola silenciosa de especulación, turistificación y desarraigo. Y en paralelo a los discursos oficiales, emergen voces disidentes que escarban en la historia del lugar, destapan la red de intereses que subyace al museo y reclaman el derecho a una vida y un arte arraigados al territorio.

EM: ¿O sea, es un viaje al futuro?

Sí, pero hecho con la intención de prevenir el presente. El Partido (con mayúsculas, ése que parece cubrirlo todo) ha impuesto años atrás “El Museo” en la Reserva de la Biosfera de Urdaibai después de ignorar el rechazo mayoritario de la ciudadanía hacia este proyecto. Sin embargo, no está todo perdido y hay quienes creen que aun se puede revertir este atentado contra la Naturaleza.

EM: ¿Qué personajes sustentan la trama?

El personaje principal es Irati, la protagonista, una chica de 28 años, licenciada en Bellas Artes, que tiene trabajos precarios como una gran mayoría de jóvenes de su generación y que quiere darle un sentido a su vida. Consigue una beca de residente en el Museo en Gernika y ahí comienzan las contradicciones. Ella no quiere salvar el mundo. Quiere entender qué mundo le han dejado. Y en ese viaje, se encuentra con otras personas, otras heridas, otras formas de estar en el mundo. Con una artista que no expone, sino que incomoda. Con una madre ausente que pesa más que cualquier presencia. Con una comunidad que no pide permiso, sino que se organiza.

EM: ¿Qué más puedes decirnos de esta novela?

Pues que este libro no busca tanto lectores como cómplices. Gente que se atreva a mirar lo que no se muestra. A escuchar lo que no se dice. A tocar lo que incomoda. “La maleta de Urdaibai” no se abre: se atraviesa. No se explica: se siente. No se presenta: se deja caer como una piedra en mitad del camino. Que cada cual decida si la esquiva, la recoge o la lanza. En esta narración, Urdaibai no es un escenario. Es un personaje. Un territorio colonizado simbólicamente, donde el poder ha querido plantar su bandera estética. Pero aquí, ese territorio se levanta. Se sacude. Se narra desde dentro. Desde las voces que nunca fueron invitadas a hablar. Desde las memorias que no caben en los márgenes. Así que dentro de esta maleta no hay ropa ni artículos de viaje. Hay gestos mínimos que desestabilizan estructuras. Hay arte que no decora, sino que interrumpe. Hay feminismo que no se grita, sino que se practica. Hay ecología que no se pinta de verde, sino que se encarna en cuerpos que cuidan, que resisten, que recuerdan. Por esa razón, esta novela quiere ser una tormenta en el paraíso. Una insurrección poética. Una declaración política disfrazada de novela. Una invitación a mirar el arte como herramienta, al territorio como identidad y a la memoria como urgencia.

EM: Por último, ¿dónde se puede conseguir?

Antes hay una cuestión que me gustaría explicar. Todos los beneficios de esta novela en su versión en castellano (ahora acaba de traducirse al euskera por parte de Iñaki Aurrekoetxea) están destinados a la iniciativa ciudadana Gernika Palestina que impulsa acciones de solidaridad con el pueblo palestino, frente al apartheid y al genocidio al que le somete el estado sionista y criminal de Israel. En cuanto a los lugares en los que se puede encontrar, decir que estará en la Feria de Durango que se celebrará del 5 al 8 de diciembre inclusive, y en librerías de Bilbao como Anti-Liburudenda, Deustuko Liburudenda, Elkar (Portal de Zamudio), La Ilusa, Zirika… en Obaba (Gernika), en Haize Liburudenda (Mungia), en Casal Liburudenda (Romo – Getxo); en Luma Liburudenda (Bermeo), así como en Ekoetxea (Bilbao) y en la sede de Ekologistak Martxan (Barakaldo), así como en otros puntos de venta que se añadirán en las próximos semanas.

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